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La Coctelera

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¿ Integrar o no integrar a los niños sordos?

Las razones principales para integrar a los niños sordos e hipoacúsicos, es el estímulo constante por aprender nuevas palabras, y conocer más de el mundo que les rodea.

Obviamente un sordo profundo y un hipoacúsico severo, requieren atención extra, ya que siempre necesitarán las señas.
En el pasado, fue díficil para los médicos determinar a veces con cierta precisión, la pérdida auditiva del niño, con los medios que se tenían de prueba, hoy cada vez es más común que se pueda detectar la pérdida auditiva del niño a una más temprana edad, lo que nos da una ventaja extra.

Ventaja extra: Sí, pues en vez de esperar que crezca, hoy podemos ya empezar a ayudarlo a crecer. Enseñele señas, ojala de aquellas formales, conozco gente que me dice para que enseñarle el real lenguaje de señas, y la razón principal, porque para aprender otro lenguaje, hay que tener uno de base, y los bebés lo aprenden rápido. Esta comunicación no verbal, lo sitúa permanentemente, lo conecta con la realidad, y lo más importante lo ayuda a madurar, debemos enseñarle que hay ruido en el mundo, aún los hipoacúsicos se asustan de ruidos que no conocen, que no identifican. Si queremos que hable, debemos ponerle en contacto con su habildad para percibir la vibración, cuando le hable ponga su manita a la altura de sus cuerdas vocales, que se dé cuenta que sus labios no solo se mueven, sino que hay una voz, que hay sonido.

El lenguaje también influye en su contacto con el cuerpo, son bebés que les será muy díficil sacarle los pañales, porque ellos no relacionan ir al baño para poder realizar sus necesidades fisiológicas, se hace más fácil si tiene un hermano mayor o menor en la misma etapa, para lograrlo es solo una estricta disciplina por parte suya, no hay otro modo, Ud. lo debe sentar en horarios determinados y de forma constante, aunque a veces no pase nada, en un momento dado, él empieza a darse cuenta del objetivo y se produce un click que lo hace madurar, por ello es tan importante tener un lenguaje no verbal. Golpearlo, maltratarlo, gritarle y no esperar que ese minuto de relacionamiento se produzca, solo conseguirá retrasar más su asimilación, ya que tendrá una connotación negativa, que no será de beneficio.

Estimulación de su capacidad de memoria, el aprendizaje está dado por el reforzamiento de una memoria auditiva y visual, se da que aunque sea hipoacúsico pueda tener buena memoria auditiva, pueda recordar como sonaba algo, y aunque sea poco puede ayudar a su visión de mundo, sabe que el mundo hace ruido y que existen sonidos.

Juegue, converse, pero debe aprender siempre a mirarlo, recordar que él no oye, si no lo ve no puede discriminar bien, los audífonos no hacen milagros, ni siquiera el implante coclear, lo cierto es que podemos entender más, estamos más en contacto, igual la vida mejora con las ayudas pero no cambia.

Tiene que tener presente, que el sordo profundo muchas veces no tiene un resto auditivo que le permita escuchar, tenga presente que no todos los sordos profundos son candidatos a implante, pues depende si su hueso no esta calcificado, si no sufre de infecciones, si cuenta con nervio auditivo, los padres que son oyentes deben saber que las ayudas médicas no hacen a su hijo oyente, él sigue siendo sordo e hipoacúsico, y esas ayudas técnicas, le ayudará siempre a vivir mejor.

El sordo profundo está como en una jaula, no hay sonido, no hay contacto con el mundo, está solo, realmente solo, por ello necesita mucho tocar a la gente, sentir contacto, necesita mucho la parte afectiva, necesita los abrazos, necesita sentirse parte de algo, sentirse cerca de la gente.

Quizás es irremediable para ellos, sentirse bien, acogidos, amados, cuando sus padres y toda la familia apoya su integración con las señas y refuerza su modulación, su habla si puede hacerlo, no tendrá la consonancia, saldrá distorsionada, mucho niños sordos aprenden a hablar como ventrilocuo porque sienten la vibración de su voz en el estómago.

Lo cierto es que un niño bien estimulado llegara tan lejos como la vida se lo permita, y él se lo permita (de ahí la importancia de la propia autoestima y de la creación de una voluntad de superación), levantándose y cayéndose un millón de veces.

Consideren y permita al niño ser niño, dele tiempos de jugar con otros niños, intenten los rehabilitadores que su tiempo con Uds., sea tiempo de juegos para que avancen en el gran objetivo que es integrar.

¿Integrar o no integrar ?, la pregunta sigue lanzada, ...
Blanca Luz Camucet

Promover actitudes en la escuela a favor de la discapacidad

Jesús Flórez
Catedrático de Farmacología
Facultad de Medicina, Universidad de Cantabria
Asesor Científico, Fundación Síndrome de Down de Cantabria

Sólo hace unas horas, una maestra comprometida con las personas con discapacidad me enviaba una encuesta para que la contestase, una de cuyas preguntas decía: “¿Creen que aún hoy día sigue existiendo algún tipo de discriminación hacia el colectivo de la discapacidad? Si es así, ¿por qué creen que ocurre eso?” Pienso que la pregunta podría haber sido formulada de otra manera: “¿Qué está haciendo la sociedad para ir eliminando la discriminación?”. Con la reciente aprobación de la Ley de Dependencia en el Congreso, la sociedad española ha dado un buen paso, sin duda. Pero hay que ver lo que han tenido que bregar las altas instancias relacionadas con la discapacidad para cambiar una ley inicialmente consensuada entre gobierno y sindicatos. Ni el uno ni los otros parecían entender lo que formas muy variables de discapacidad significan en una sociedad realmente vertebrada y armónica.

Realmente la sociedad –bueno, los ciudadanos– es plural. Piensen por un momento en los hermanos de una persona con discapacidad intelectual. Quizá consideren que todos ellos tienen las mismas reacciones, la misma disposición para echar una mano, la misma capacidad para defender a su hermano ante conductas agresivas o despreciativas por parte de los compañeros… La realidad no es así. Hay quienes los defienden y hay quien trata de ocultar su existencia para evitar ser objeto de burla y por nada del mundo desea que su hermano se acerque por la escuela. Si esto ocurre entre muchachos con lazos tan evidentes de sangre, que conviven de manera tan próxima, ¿cómo nos vamos a extrañar que alumnos dispares, provenientes de ambientes tan distintos, muestren sus prejuicios, sus sentimientos, sus rechazos y sus preferencias?

Por eso la escuela es la gran oportunidad para transmitir valores humanos de aceptación de lo diferente y lo excepcional como componentes sustanciales de la gran familia humana. Oportunidad que de ningún modo debemos dejar que pase de largo porque en ella nos jugamos la armonía creciente de una sociedad abierta. Pero erraríamos si pensásemos que, para conseguirlo, basta la buena voluntad de un maestro con un par de ideas benefactoras que aprovecha alguna que otra oportunidad para soltarlas. Hasta el punto de que son muchos los estudios de investigación que se han realizado para comprobar la eficacia o ineficacia de los distintos modelos de intervención que se han propuesto para mejorar la actitud del escolar hacia el discapacitado.

Parece existir un acuerdo generalizado en que un factor esencial para el éxito de una estrategia de modificación de actitudes es el establecimiento de un estado de relaciones igualitarias entre los alumnos con y sin discapacidad. Pero la simple ubicación de un alumno con discapacidad en la clase ordinaria en absoluto garantiza y asegura una relación y una actitud positivas. Con otras palabras, la proximidad física es condición necesaria pero no suficiente para la reducción del etiquetado negativo y estereotipado, y para la construcción de relaciones positivas. La aceptación se termina por conseguir cuando prevalece un contexto de interdependencia positiva. La clave, por consiguiente, está en cómo promover y mantener ese contexto positivo. Y un elemento muy eficaz consiste en la ubicación de estudiantes con discapacidad y sin discapacidad en grupos de aprendizaje pequeños y heterogéneos, a los cuales se les asigna una determinada tarea.
Experiencias de este tipo existen en España, pero sin duda su puesta en marcha y su desarrollo implican por parte del profesor toda una preparación, un programa y un modelo de actuación que están adaptados a cada circunstancia concreta. Obviamente, elementos fundamentales en esta programación serán el apoyo que reciba por parte de la dirección y claustro de profesores, el tipo o tipos de discapacidad a los que ha de afrontar, y su propio elenco de convicciones personales. Si se hace bien, sin duda se termina por crear en los alumnos todo un conjunto de interacciones favorables, de percepciones y sentimientos duraderos en donde prevalece la confianza entre unos y otros y la amistad mutua, y un mayor grado valoración recíproca. Ahí está la base sólida de un cambio de actitud.

La realidad nos dice que no siempre se consiguen estos efectos. Para que este contacto dé lugar a actitudes positivas, son precisas varias condiciones: por parte del alumno discapacitado (comunicabilidad, habilidades sociales, sencillez en la aceptación de sus propias limitaciones), por parte del alumno sin discapacidad (irse liberando de creencias negativas, de sentimientos de superioridad, tener capacidad de comunicación), y por parte de la interacción entre ambos (cooperación y reciprocidad, prestar atención por igual, a unos y a otros, favorecimiento del conocimiento mutuo, conseguir una relación de duración suficiente). Es evidente que con frecuencia no se dan estas condiciones, pero al menos debemos ser conscientes de su necesidad para tratar de conseguirlas en la medida en que se puedan concertar.

¿Y el maestro? Además de sentirse director de orquesta, ha de estar primero bien informado sobre la naturaleza y características de la discapacidad de sus alumnos. Porque sólo así podrá informar correctamente a sus otros alumnos sobre las condiciones de la discapacidad, sabrá reducir el nivel de ansiedad en las interacciones entre ellos, conseguirá potenciar la empatía y facilitar la ejecución de conductas de aceptación de las personas.

Donde no hay integración escolar es mucho más difícil la generación de cambios de actitudes. De ahí la responsabilidad de los directores de centro, o de las entidades promotoras de centros privados –si de verdad les anima un espíritu auténticamente generador de cambio social a través de la educación– por favorecer y asegurar la implantación de la integración escolar en alguna de sus múltiples variantes, empezando por asegurar la actitud positiva y la destreza profesional de su profesorado ante la realidad de la discapacidad.

Pictograma

Pictograma y autismo

Las representaciones analógicas de la realidad pueden ser útiles en muy diferentes ocasiones, pero en el autismo son muy importantes por su fácil procesamiento y por el interés que los autistas muestran por ellas.

El uso de pictogramas, aunque relativamente nuevo, se ha extendido mucho en el campo de la comunicación y como sistema alternativo que ayude a la comprensión del conocimiento físico y social.

Los niños autistas se caracterizan por la dificultad para encontrar sentido a sus acciones y a las de los demás. Sus actos parecen no tener un propósito y tienen dificultad para encadenar acciones con un propósito o tener un proyecto de vida. Esta alteración parece estar relacionada con la capacidad de trabajar con globalidades, más que con los componentes de éstas. También está el problema de adecuar las conductas al contexto. Y por último, la falta de sentido de la acción influye en las dificultades de anticipación.

A las personas autistas les cuesta mucho prever los acontecimientos basándose en experiencias del pasado y por tanto les resulta difícil trabajar con el futuro. Las funciones ejecutivas, incluyen planificar conductas, organización, inhibición de respuestas y flexibilidad.

Con estos datos podemos imaginar un mundo interno caótico en el que hay que utilizar, desde “fuera”, métodos para dar sentido a las acciones, sistemas de predicción y métodos que le muestren las metas finales.

¿ Integración o rechazo de las personas con discapacidad?

En la actualidad se habla mucho de la integración de las personas con discapacidad, pero, en realidad, ¿es esto cierto?

Lamentablemente, y a pesar de que vivimos en el siglo XXI, la personas con discapacidad no están integradas en nuestra sociedad. Ya en el colegio, entre los compañeros suele existir un rechazo hacia los niños con discapacidad. Probamente la causa de este rechazo radique en los padres, quienes no son capaces de explicarles a sus que a pesar de tener una discapacidad, esos niños son iguales a ellos. Esto lo vamos a ver mejor reflejado en el siguiente ejemplo: la mayoría de los padres cuando sus hijos le preguntan por qué es diferente físicamente un niño con síndrome de Down, éstos le suelen responder diciéndoles que esos niños están malitos y no le explican que tiene un síndrome por el cual su aprendizaje es más lento que él de los demás. Tachar a esos niños como malitos inducen a que sus hijos lo rechacen y no quieran relacionarse con ellos.

Además de sufrir rechazo en la etapa escolar, las personas con discapacidad tienen dificultad a la hora de encontrar un trabajo. La mayoría de las empresas no quieren contratar a los discapacitados porque piensan que no pueden ejercer ningún trabajo. Pero esta creencia no es cierta, ya que el hecho de ser discapacitados ni implica no poder realizar determinadas funciones, solo necesitan un mayor tiempo para la realización de sus tareas y para adaptarse a las mismas.

Para que la integración de las personas con discapacidad sea un hecho y un no una simple ley que se utiliza para ganar adeptos en una campaña política, tenemos que concienciarnos todos de que una capacidad no es una barrera, y que todos somos iguales y tenemos los mismos derechos a pesar de nuestras diferencias cognitivas y físicas.

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